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Emilio de la Calle, durante una entrevista. (El Confidencial)

Noticia publicada en EL CONFIDENCIAL>

El juez rechaza la petición del comisario De la Calle de que se levanten las medidas cautelares que le impiden comunicarse con la subordinada que le acusa de abusos cuando era su superior

El juez de la Audiencia Nacional Francisco de Jorge ha rechazado la solicitud del comisario de la Policía Nacional investigado por agresión sexual, Emilio de la Calle, de que se le permita comunicarse con la subinspectora que le denunció. El mando policial había reclamado el levantamiento de las medidas cautelares impuestas en el procedimiento en curso, en el que se le investiga por delitos de acoso, lesiones, amenazas y agresión sexual contra su ayudante cuando era su superior jerárquico en Nueva Delhi.

El instructor del caso, que cuenta con copias de distintas conversaciones y grabaciones aportadas por la presunta víctima en las que describe con detalle el comportamiento de su jefe durante el desarrollo de su trabajo en la Consejería de Interior de la legación diplomática, ordenó en el arranque la investigación la prohibición de que contactara con ella «por ningún medio» ni directamente ni por mediación de otros, ni por motivos particulares ni por razón del servicio. Comunicó la decisión al Ministerio del Interior para que se impidiera que tratara de hacerle llegar alguna orden.

El motivo principal de la medida fue evitar «el agravamiento de los daños psíquicos de la querellante por los posibles intentos de este último de que la víctima modifique su querella para evitarle perjuicios, haciendo valer incluso un posible chantaje emocional apelando a una camaradería mal entendida entre miembros del Cuerpo Nacional de Policía». Pese a ello, el comisario reclamó que quedaran desactivadas, apelando a que no existe en la actualidad riesgo alguno dado que la agente no reside en la actualidad en España.

La defensa de la subinspectora se opuso de manera frontal a este intento. Recordó que el mando policial puede desplazarse libremente al país en el que actualmente reside la víctima y apeló a que permitirle en este punto contactar «podría facilitar actuaciones dirigidas a perturbar o interferir en el entorno personal y profesional de la víctima, comprometiendo su tranquilidad y seguridad». «Las medidas de prohibición de comunicación y aproximación resultan necesarias para garantizar que la víctima pueda intervenir en el proceso con normalidad, seguridad y ausencia de presiones», subrayó.

El comisario se encuentra de momento suspendido, pero una vuelta al servicio activo podría colocarle de nuevo en una situación de superioridad respecto a la víctima. Tanto la Fiscalía como el juez han acogido estos argumentos e insistido en la importancia de que las cautelares se mantengan, sobre todo en una fase en la que la investigación ya enfila su parte final.

En un segundo auto en poder de El Confidencial, el magistrado De Jorge rechaza, además, la petición de la defensa de De la Calle de que se cite a declarar a una serie de testigos, algunos de ellos, también comisarios de la Policía. El escrito asegura que, a la vista de la contundencia de las pruebas, estas declaraciones no solo carecen «de utilidad» sino que se dirigen a tratar de dilatar el procedimiento que está al borde de acabar por sentar en el banquillo al mando imputado.

Control permanente

El relato de la querella, que presenta un equipo de abogados del bufete Frago y Suárez, explica que el comisario Emilio de la Calle aprovechó el ambiente íntimo de la embajada, que le generaba una sensación de impunidad, y su posición jerárquica de superioridad para desplegar su conducta. Un control permanente, besos no consentidos, insultos, vejaciones y hasta «collejas».

Todo comenzó con situaciones que fueron evidenciando un control sistemático sobre la vida privada de su ayudante. Insistió en que contratara para el servicio doméstico a la misma empleada india que trabajaba en su casa y, a través de ella, fue enterándose de cada movimiento de la agente. Cuándo salía y entraba, dónde iba y con quién y hasta los detalles más mínimos de sus movimientos e incluso de su estado físico personal.

Según el escrito, reiteraba a la auxiliar que debía informarle de absolutamente todo, «casi incluso de su ciclo menstrual». «Te va a pasar factura muy mala como sigas por ese camino. Aquí me tienes que informar… No te digo. Que, si tienes la regla, pero casi», reproduce la querella. Además, fiscalizaba con quién podía verse y le prohibía tener contacto con numerosas personas a las que, sin base alguna, consideraba «peligrosas». Le efectuaba llamadas constantes y le enviaba mensajes a todas horas, fuera del horario laboral y sin ninguna relación con el trabajo. Incluso durante sus vacaciones y de madrugada. Acostumbraba también a pasar frente a su casa, aunque no le pillaba de camino, y le hacía comentarios para que le quedara claro que la observaba.