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Noticia publicada en Libertad Digital>

La Abogacía del Estado, que junto a la Fiscalía ha ejercido la defensa del fiscal general, ha puesto en la picota a la UCO o al juez Hurtado.

Hay tres puntos básicos sobre los que pivota la defensa del fiscal general del Estado, encarnada por la Abogacía del Estado y también, de manera excepcional, por el Ministerio Público, y que suponen arrastrar por el barro a algunas de las instituciones más importantes del país, como son la propia Fiscalía, la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil y el Tribunal Supremo.

Álvaro García Ortiz decidió no dimitir, ni siquiera al ser procesado; es más, durante el histórico juicio contra él se revistió de toda la pompa estética que le confiere su cargo – con su toga y sus puñetas blancas se sentó junto a sus abogados-. Todo ello contribuyó a simbolizar de manera clara lo que ha significado este proceso, que no es otra cosa que el Estado contra el Estado. Una quiebra institucional sin precedentes, que ahonda en su desprestigio de cara a la ciudadanía.

Según se iban sucediendo las sesiones en la más alta instancia jurisdiccional del país, los servicios jurídicos del Estado ponían en la picota una u otra cuestión, jaleados por todos los medios de la órbita del Gobierno. Se trataba de desacreditar las principales pruebas indirectas que permiten señalar al fiscal general como autor de un delito de revelación de secretos, tipificado en el artículo 417 del Código Penal, que afectan a Alberto González Amador, pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid.

Adriana Lastra o «la fiscal de Ayuso»

La fiscal superior de Madrid, Almudena Lastra, es la principal testigo contra García Ortiz. Su testifical es absolutamente demoledora. Lastra declaró que la mañana del 14 de marzo de 2024 (unas horas después de que se produjera la filtración, que fue el 13 por la noche) recibió una llamada de García Ortiz. No le dio ni los buenos días a su superior y le espetó en tono de reproche: «¡Has filtrado los correos!». A lo que él le respondió: «Eso ahora no importa, hay que sacar la nota cuanto antes». «A mí sí me importaba. Eso se me quedó grabado en el alma», señaló Lastra.